Excelsior

El mundo desde arriba


 

 

Las portadas sobre el futuro de jugadores mexicanos que militan en Europa se vienen publicando desde hace varios años en el mes de enero, y 2018 no es la excepción, otra vez aparecen a ocho columnas Javier Hernández, Miguel Layún y ahora Raúl Jiménez. Antes de hacer cualquier aná­lisis que ayude a entender la realidad del nivel deportivo, se buscan responsables, señalando técnicos, promotores y hasta directivos para explicar su exclusión en la titularidad, con ese raquítico desgaste de neuronas, nunca se podrán dar pasos importantes.

Por principio de cuentas, tenemos que entender que para que los clubes puedan competir, necesitan tener un cuadro base y buena ban­ca para los relevos, así se entienden las adquisiciones de Tigres, Mon­terrey o América; aquel equipo que no lo hace, es señalado por falta de planeación, como Cruz Azul, Guadalajara o la Universidad de México. Se sabe que hay jugadores que desde un principio estarán en la lista de suplentes y se critica severamen­te al que no lo acepte, pero si es un mexicano en Europa, se rasgan las vestiduras, queriéndose aventar con la bandera nacional desde las azoteas del Castillo de Chapultepec.

La salud humana es controlada con niveles óptimos en el orga­nismo; con otro tipo de valores y mediciones, sucede en los nego­cios, empresas y hasta equipos de futbol. Hay titulares indiscutibles y otros destinados a ocupar la banca. La gran mayoría de los jugadores mexicanos que llegaron a Europa lo hizo por la puerta grande, presen­tándose como grandes refuerzos a un precio nada despreciable; sin embargo, al paso de los partidos, jornadas y torneos, se fueron deva­luando, y en su mayoría son utilizados como relevos en situaciones definidas para dar descanso a los competitivos.

Hay que tener presente que esa gran mayoría puso en jaque la cla­sificación de la Selección Mexicana en dos eliminatorias mundialistas, 2010 y 2014, donde no fueron capaces, al menos, de definir el partido de octavos de final en tiempo extra o penales, como otras generacio­nes lo hicieron vendiendo cara la derrota; encajaron la peor golea­da en 56 años al perder siete goles por cero ante Chile en una Copa América, y ganaron sospechosamente un título de Copa Oro; lo más notable es haber obtenido sin contratiempos el pase al campeonato del mundo 2018, pero con director técnico extranjero.

No se trata de decir que los futbolistas mexicanos sean malos, sim­plemente reconocer su nivel de juego para no pedirles de más, eso sí, exigirles mejor preparación para elevar capacidades y no estar repro­chando a otras personas la exclusión y justificarlos por siempre, eso sucede cuando el mundo se ve desde abajo.

 

 

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