Excelsior

Indiferencia vs. todo


 

Hace unos días se difundió un video que muestra a dos miembros de la Unidad de Combate al Delito de Secuestro de la PGR, quienes fueron identificados de manera oficial como Octavio Martínez Quiroz y Alfonso Hernández Villavicencio, sometidos por individuos que, cobardemente, ocultaban sus rostros y se escudaban en sus armas de alto calibre.

Se trata de un mensaje al Estado y a la sociedad en su conjunto, ya que en las camisetas de las víctimas se les escribió SEIDO, en alusión a la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada, es decir, la que debiera ser la unidad más importante del Estado mexicano contra la criminalidad.

Sin embargo, para la mayoría de los actores sociales y políticos, esta situación pareciera no ser de la relevancia para enfocar toda su energía y demostrar a esos criminales que no pueden someter ni mucho menos aterrorizar al Estado ni a la sociedad.

En cualquiera de los países desarrollados, de los que supuestamente nuestro país forma parte, esta situación representaría una acción inaceptable y concentraría no sólo todos los esfuerzos estatales, sino de la sociedad en su conjunto para enfrentar una acción de esta naturaleza.

Con independencia de las divergencias políticas entre los diferentes candidatos y presidentes de los partidos políticos, debiera unirlos la defensa de los cuerpos de seguridad, ya que en ellos recae la responsabilidad de garantizar la integridad y la defensa de los derechos de todos nosotros.

Existe un incremento en la inseguridad pública de acuerdo con la más reciente encuesta del Inegi sobre la materia, así como los reportes de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros; sin embargo, más allá de las cifras, podemos advertirlo en el constante cambio de nuestras actividades cotidianas y en la capacidad de asombro que se está vaciando de contenido hasta llegar a los niveles de parecer indiferente a lo narrado.

En la actualidad, cuando alguien observa que están asaltando a otra persona, en lugar de pedir ayuda en favor de la víctima, sigue su camino con indiferencia, considerando únicamente ponerse a salvo sin hacer nada.

No se trata de que la sociedad se ponga en riesgo asumiendo una función de policía que no le corresponde, sino de unir esfuerzos, condenar la violencia, de donde provenga, exigir a las autoridades su responsabilidad y contribuir en lo que a la sociedad le corresponde para que generemos mejores condiciones de vida para nuestros seres queridos.

Nos encontramos en uno de los mejores momentos de mayor poder ciudadano que consiste en la elección de las personas a quienes otorgaremos nuestro voto para que nos gobiernen, y no debemos, por ningún motivo, abdicar a nuestra responsabilidad de rechazar a la persona que encarna precisamente los valores de la violencia, la agresión y el autoritarismo y, por el contrario, se debe participar, proponer y exigir las mejores propuestas para gobernar.

La sociedad más segura y con mejores oportunidades de vida no es aquella a la que se le obsequian esas cualidades, sino aquella sociedad que las construye día a día con su participación propositiva, en forma sencilla y con plena disposición a colaborar, pero también para vigilar el desempeño de las autoridades, a proponer las mejores prácticas administrativas y, sin lugar a dudas, respetar a la propia autoridad y demandar que se le respete.

Esta participación comienza, como lo hemos dicho, desde nuestros hogares y en todos los espacios en donde, con nuestro ejemplo, hacemos realidad los valores que demandamos de los demás.

Hoy debiéramos unirnos en una sola voz y salir de la indiferencia y el desinterés por lo que sucede en el entorno, enseñar con el ejemplo a nuestros seres queridos, vecinos y compañeros de trabajo para que participen en las actividades que requiere el país con el fin de salir adelante.

Participemos en nuestra democracia, comenzando por informarnos sobre los candidatos y quiénes los acompañan para gobernarnos, analizar su comportamiento para considerar si nos identificamos con él, si es a él a quien queremos de vecino, compañero de trabajo, amigo, diputado, senador o Presidente de la República.

 

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