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El otrora humanista Partido Acción Nacional, leal a sus principios e ideales, contendió una y otra vez por alcanzar la Presidencia de la República, anhelando gobernar México capaz y honestamente. Pero no fue así, el PAN ocupó Los Pinos por dos sexenios consecutivos, en los cuales la transición quedó inconclusa, desaprovechando la oportunidad histórica para transformar a fondo el país. El crecimiento económico distó de dispararse a pesar de los precios récord del petróleo. La que sí se disparó fue la inseguridad, el crimen organizado y el consiguiente número de víctimas. La percepción de que la alternancia combatiría a fondo la corrupción, quedó en eso, en mera percepción. Para 2012 el PAN ya lavaba sus trapos sucios públicamente; en la desgastante pugna interna entre precandidatos, Josefina Vázquez Mota se impuso al delfín Ernesto Cordero, clamando por la conciliación entre panistas. Resultado: Josefina, tercer lugar en la elección presidencial.

Teóricamente, el PAN tendría que estar pasando por su mejor etapa, alistándose hacia las elecciones del año próximo, luego de haberse impuesto en 2015 en siete de las 12 gubernaturas disputadas, triunfo que le ha permitido gobernar en 11 estados de la República, es decir, a casi 50 millones de mexicanos. Las correspondientes medallas han quedado prendidas al pecho del líder albiazul Ricardo Anaya, sostenido en su cargo sorteando enormes escollos, especialmente de parte de sus propios compañeros de partido.

El reclamo de un relevante grupo de panistas a Ricardo Anaya es su obstinación por permanecer al frente del partido promocionando su imagen, buscando la candidatura presidencial, es decir, ser árbitro y jugador simultáneamente. Anaya argumenta que aún no son tiempos de candidaturas —¿ni de sondearlas?— y que tampoco se ha definido el método de selección de candidatos. Anaya, ciertamente, ha marginado de la dirigencia del partido a integrantes del llamado grupo calderonista. Margarita Zavala manifestó desde hace dos años su intención de abanderar al PAN en la próxima elección presidencial, llegando a encabezar las distintas encuestas para tal efecto.

Anaya ha sabido capear temporales, eludiendo responder sobre su eventual aspiración presidencial, al tiempo de haber concretado una antinatural alianza electoral con el PRD y MC, denominándola “ciudadana”.

Margarita Zavala, convencida de que su aspiración presidencial sería bloqueada por Ricardo Anaya, decidió renunciar al PAN. ¿Renunciar al PAN?, si Margarita es el PAN, imposible disociar su trayectoria de vida del credo que siempre la ha guiado, postulados que llevó Felipe Calderón a la Presidencia de la República. De Margarita hubiéramos esperado que defendiera a capa y espada su aventajada preferencia en todos los sondeos, desde adentro del PAN, su hábitat natural. Al registrarse Margarita como candidata independiente habrá de remar contra la corriente, renunciando a las ventajas presupuestales y de logística que aporta un partido político, además, Margarita, panista de pura cepa, se enfrentará como independiente —ver para creer— en las urnas al PAN, posiblemente a Ricardo Anaya. ¿Tan sobrado está el PAN como para dividir sus votos?

Ricardo Anaya está en la mira de antagónicos senadores panistas, del líder priista Enrique Ochoa, del periódico El Universal y hasta de un repentino grupo, Consenso Ciudadano, que lo acusa de enriquecimiento ilícito y fraude. Anaya, a su vez, se ha lanzado contra los aliados senadores discrepantes, culpándolos de operar a favor del candidato presidencial del PRI José Antonio Meade. Aventurada y riesgosa declaración, a menos que el líder panista tenga la primicia relativa al destape del candidato del PRI. En tanto, Anaya reitera que no son tiempos para definir sus aspiraciones presidenciales, ¿La suya no y la de Meade sí?

Anaya, presunto ambicioso desmedido, y vapuleado por propios y ajenos, podría ejecutar un golpe maestro de alta política, afianzando su imagen a futuro. Me explico, Anaya y el Frente que representa eligen como candidato presidencial —de preferencia— a un probo ciudadano apartidista, con méritos suficientes para competir seriamente en las próximas elecciones. De un plumazo el estratega Ricardo Anaya justificaría su liderazgo partidista.

Al PAN y al PRI ya sólo les falta colocar carteles: “Vote por Morena”.

 

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