Excelsior

Segunda piel


La felicidad no se estremecerá, por mucho que la torturen.

                                           Cicerón.

 

 

La felicidad no puede ser nunca tan endeble que una inesperada circunstancia o un mal momento nos hagan dudar de ella, la felicidad es una decisión, una elección, una causa y no una consecuencia… Pero se olvida.

Se olvidan todos aquellos que sucumben fácilmente ante las situaciones que les presenta la vida, esos que se permiten extremar sus estados de ánimo según las circunstancias, les favorezcan o no; esos que sólo pueden ver la felicidad que les toca, esos que sólo pueden sentirse felices como consecuencia de un beneficio directo, esos que se permiten la queja, la justificación, la sublevación ante la vida cuando ésta no les asiste… como si la felicidad fuese eso… una consecuencia y nunca una causa.

Y así viven con la felicidad a expensas de las circunstancias, de las consecuencias, de las situaciones, de los golpes de suerte, de las buenas o de las malas jugadas, sintiéndose y actuando como alfiles en el tablero de la vida, donde ni siquiera arriesgan al todo o nada…

Decidir ser feliz es quizá la elección más importante que debemos tomar todos los días, y resulta increíble cómo algo tan importante es abandonado por algunos a lo que el destino les depare… resulta increíble que se agenden tantas cosas en la vida y no se agende la felicidad… que se tome uno tanto tiempo para elegir sus atuendos, sus citas, sus alimentos, sus llamadas y que casi nadie se tome el tiempo de elegir ser feliz…

A la felicidad se le ha dejado de lado, a la felicidad no se le elige como causa, sino como efecto, como una probabilidad que se espera, que se desea, que se busca… Quizá por eso la felicidad genuina sea tan escasa… porque se le abandona a su suerte.

Por eso, hoy le invito a agendar su felicidad todos los días, haga un espacio para elegirla, haga un lugar para ella, nómbrela, siéntala, vívala y compártala. La felicidad la lleva uno consigo mismo, a la felicidad se le debe arropar, la felicidad no es un producto que se encuentre, es una creación personalísima, que no depende de nada ni de nadie más.

Créame, la felicidad se necesita para mucho más que para ser simplemente feliz, de ella depende su salud, su actitud, su manera de enfocar sus pensamientos cada día, su forma de reaccionar ante la realidad, su manera de responder ante la vida… de la felicidad… de esa que uno elige poseer y generarse a sí mismo, depende mucho más que su sonrisa… depende su paz, su tranquilidad, su confianza ante el futuro, la asimilación de su pasado… de esa felicidad depende que sus errores y sus fracasos le hagan superarse, que su razonamiento se reconfigure, que su espíritu se fortalezca, que su valentía le acompañe en cada nueva experiencia… de esa felicidad depende su buen juicio, su objetividad, su paciencia, su tolerancia, su humildad y por sobre todas las cosas… su amor propio… Porque si usted no es capaz de generarse y procurarse felicidad, es casi imposible que pueda encontrarla, o bien, que alguien más pueda proveérsela.

La felicidad es subjetiva, es un traje a la medida… es una segunda piel, de cada uno depende tenerla o no tenerla, sólo hace falta atreverse cada día al reto que implica elegir ser feliz por sobre todas las cosas… Como siempre, usted elige.

¡Felices causas, felices efectos!

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